¿Deberíamos aceptar nuestra soledad antes de iniciar algún tipo de relación?
Absolutamente sí, hay que aceptarla para que esa soledad se transforme en la condición de estar solo. Unicamente así seremos capaces de iniciar una relación profunda y enriquecedora, e iniciarnos en el amor, cualquier tipo de amor o relación con otros.
¿A qué me refiero con que hay que aceptar la soledad hasta el punto de que se transforme en estar solo?
La soledad es un estado mental negativo, estar solo es positivo, a pesar de lo que digan los diccionarios. En ellos ambos conceptos parecen ser sinónimos, pero no en la vida. La soledad es un estado mental en el que constantemente echamos de menos una situación, un país, a otra persona, etc.
Estar solo, en cambio, es un estado en el que constantemente disfrutamos de nosotros mismos, independiente de factores externos. Hemos aprendido a que ningún pensamiento rompa nuestro equilibrio.
La soledad es tristeza, estar solo es dicha. La soledad significa preocupación, echar en falta algo, anhelar algo, desear algo, estar profundamente insatisfechos con nuestro presente. No pasemos por alto que también esto obedece a una programación ancestral.
En cambio, estar solo supone una profunda satisfacción, no necesitamos salir y sin embargo, si decidimos hacerlo, podemos disfrutar del paseo; de igual manera sentirnos contentos, tranquilos, en paz. Con ánimo festivo.
En soledad estamos dispersos, desorientados, es decir, descentrados. Cuando estamos solos estamos centrados, arraigados. Estar solo es hermoso, nos rodea la elegancia y la gracia, un clima de enorme satisfacción.
La soledad empobrece, todo lo que la rodea es pobreza, no tiene nada de elegante, en realidad es fea, la soledad significa dependencia, no agradarnos en nada. Estar solo es la absoluta independencia, sentimos que somos el mundo entero, la existencia entera; porque lo somos. Somos nuestra referencia absoluta para poder equilibrarnos con nuestro entorno.
Si nos adentramos en una relación cuando nos sentimos en soledad explotaremos a la otra persona, el otro se convertirá en un medio para nuestra satisfacción, lo utilizaremos, y esto no llevará a algo positivo porque a todo el mundo le molesta ser utilizado, nadie está aquí para convertirse en medio para nadie.
Toda persona es un sí mismo. No se puede utilizar a nadie como un objeto, todos estamos para ser respetados como reyes, nadie viene a este mundo para cumplir las expectativas de otros.
Todos estamos aquí para ser nosotros mismos, de modo que cuando inicies una relación (o cualquier tipo de sociedad) porque te sientes en soledad, esa relación ya se ha ido a pique, incluso antes de empezar.
Tengamos presente que cuando actuamos movidos por la soledad e iniciamos cualquier tipo de relación, lo haremos con alguien que se encuentra en la misma situación que nosotros, porque nadie que esté solo y disfrutando realmente de ello, se sentiría verdaderamente atraído por nosotros, estaríamos en una línea paralela con esa persona, como mucho nos compadecerá pero no podrá amarnos. No sabrá cómo hacerlo.
El que ha logrado estar solo de verdad, únicamente puede amar a alguien que también lo está. Son seres plenos, felices. Comparten la felicidad que cada uno ha labrado. Los caminos que los han llevado a ella.
De modo, que cuando actuamos impulsados por la soledad encontraremos el mismo tipo de persona, hallaremos ese reflejo, coincidirán dos mendigos, dos sufrientes, y cuando se encuentran dos personas que sufren, no se trata de una suma, sino de una multiplicación, juntos nos haremos sufrir mutuamente, más que en nuestra soledad particular.
En primer lugar tenemos que estar bien para que todo lo que llegue a nosotros esté bien, comprender en esencia esto de estar solo, aprender a disfrutar de ello, a querernos, ser tan auténticamente feliz que si no aparece nadie no nos importará; estás pleno, desbordante.
Si nadie llama a nuestra puerta no pasa nada, no echamos nada en falta, no esperamos que nadie llame a ella, estamos en nuestro hogar y si alguien viene, estupendo. Si no viene nadie, también estupendo.
Entonces podremos adentrarnos en una relación porque en ese estadio seremos los diseñadores de nuestras circunstancias, seremos como un emperador, no un mendigo.
Las personas que han vivido solas, siempre se sentirán más atraídas por otras que también disfrutan de estarlo (ya sabemos que los iguales se atraen). En todos los contextos es así.
Cuando se encuentran dos amos, amos de su ser, de su estar solos, tampoco se produce una suma de felicidad, sino una multiplicación.
Se convierten en un increíble fenómeno festivo, y no se explotan, comparten. No se utilizan mutuamente, por el contrario, se hacen uno y disfrutan de la existencia que los rodea. Uno al lado del otro.
En cambio, dos personas solitarias siempre están enfrentadas, literalmente, una frente a otra.
Dos personas que han conocido la amorosa comunión de estar solas, están juntas, y ante algo más elevado que ellas.
Extracto de mi libro «Cautivos, un programación ancestral»
https://www.amazon.com/Sebastian-Falco-ebook/dp/B0DDTMHB9Z/
Compartir




